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El inicio del todo: El origen

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El inicio del todo: El origen

Mensaje por Artemisia el 22/01/17, 11:17 pm

En el inicio del todo Amaité reunió su fuerza como Dios creador, pero su poder resultaba destructivo para este mundo; imposible de permanecer contenido, necesitó de una vasija capaz de anular la energía negativa que emanaba del cosmos, su esencia misma.
Cayó en la lobreguez más vasta para llevar a cabo su deseo de suprimir la maldad que emanaba su ser; y en ese lapso de tiempo, nacida de sus pensamientos más oscuros, la luz que se desprendió de su mano fue tan grande que el cántaro de  sus lágrimas, que se encontraba moldeando, no resistió, y este fulgor quebrado logró atraer la atención de Ayelén, la diosa más cercana al lugar; la única de los miles de dioses a la que no afectaba el sumergirse en las tinieblas de su dios.
Este simple impulso hizo que ella fuese la que despertara de forma casi accidental la magia en el planeta, para así ser la diosa que guiara a la obra humana nacida de Amaité, quiénes permanecían congelados en lo profundo del caos existencial.
Ayelén terminó siendo el receptáculo de lo más puro de su creador; una magia noble que sería el quid de los primeros nacidos humanos; sin embargo, aún no era capaz de dominar su poder, por lo que decidió abandonar a Amaité, quien ya volvía a intentar contener su siniestra fuerza, obligado por sus hijos, quienes planeaban arrebatarle un día su capacidad destructora.

El origen

La obscuridad era un lugar acogedor donde los dioses se sumergían extasiados. Ninguno de ellos notaba que esa simple cercanía estaba consumiendo los dones con los cuales habían sido diseñados.
Amaité tenía, de entre sus hermanos, el poder de crear el alma inmortal, pero no de corregir su instinto. Sus dioses menores nacieron en un intento de remediar el fallo inicial; Nahoa, la primera, era conocida por su habilidad para purificar los corazones; Magena alumbraba el camino; Bitsa poseía una luz intensa, pero aún no era lo suficientemente dotado como para hacer desaparecer el sombrío mundo de los dioses mayores.
Tala gobernaba la obscuridad tras las sombras, adivinando hasta la más ínfima vileza de la primera creación; Moki era su compañía, nacido para crear la magia verde y custodiarla. Y finalmente, Nahimana, la última de los dioses menores y la única hija de Ayelén; esta diosa nacida producto de su afición para colorear la noche eterna con su canto y risa.
Juntos conformarían el poder absoluto que despertaría a los primeros magos y los guiaría hacia la construcción de una cultura que perduraría por siglos.




Mi decepción... es por estos hombres. Pues estando rodeada de 10 mil, estoy sola.
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